Cómete el Mundo

– Cómete el mundo. ¿Me prometes que lo harás? – Si, te lo prometo.

the-horn

Después se dieron un abrazo. Uno de esos abrazos que tienen sentido. Que sientes la fuerza del otro, que las energías de ambas personas se entremezclan, se filtran sobre la piel. Que te traspasan y sientes como el otro se ha metido dentro. Uno de esos abrazos que sabes que hay pocos como ese. Pasaría mucho tiempo hasta que se pudieran dar otro igual, pero ese les daba la fuerza para conservarlo todo ese tiempo.

Felicidad apabullante. la de ambas. Habían crecido juntas, se conocían a la perfección. Cuántas historias vividas, cuantos sentimientos contados. Cuánto, cuánto habían crecido, y nunca a la vez. Tan diferentes, muchas veces, tan iguales tantas otras.

Una de ellas cumplía un sueño, uno de muchos. El que tocaba, ahora. Porque las dos son soñadoras, vividoras, viscerales. Puro fuego. La otra, veía ese sueño cumplirse y nada le podía hacer más feliz. Era su momento, el suyo, para ella.

Sabían que estuviesen donde estuviese el Sol de una sería el  Sol de la otra. Se cuidarían, desde lejos, en la distancia. ya lo habían hecho otras veces. y está vez sería mucho más.

Escúchame bien. No te olvides de ningún detalle, cuando vuelvas me tendrás que contar todo. Abre bien los ojos, los oídos, el corazón y nada te faltará. Nada. Recorre todos los caminos, aprende de todas la personas. No te pierdas nada, ni una sola cosa. Y deshazte de aquellas que no te aporten. Sonríe, siempre sonríe. Ríete como tu solo sabes, por que reír es vivir. Porque por eso te marchas, para vivir. Para aprender, para crecer, para soñar. Sí, para soñar todavía más. Abre tanto tu mente, y date cuenta de hasta dónde puedes llegar. Y nunca, nunca tengas miedo. El miedo solo paraliza, el miedo te convierte en hielo. Y tu no quieres ser hielo. Has venido a ser feliz y tu mejor que nadie sabes que sólo eso se consigue con pasión, siempre con la razón presente. Equivócate, sabiendo siempre cuándo y por qué. Siempre sin miedo. Fluye cuesta arriba o cuesta abajo, pero fluye. Tu lo inventaste. Fluye de mente y de corazón. Aprende para enseñarnoslo todo. Para enseñármelo.

Ama, sin parar, todo el rato. 

Entre risas y llantos, las dos amigas se miraban a los ojos. No hacía falta decir mucho. Sabían hablar sin palabras. En otra ocasión se podrían haber pasado horas hablando, pero en ese momento sólo quedaba hacer una promesa. Después bailaron sin parar, cómo si fuera la última noche que pasaran juntas. Hasta el amanecer.

– Cómete el  mundo. ¿ Me pormetes que lo harás?- Sí, te lo pormeto.

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2 respuestas a Cómete el Mundo

  1. Qué bonitas son las amistades en las que el éxito de una constituye el éxito y la alegría de la otra, sin envidias ocultas ni celos. Amigos así te hacen sentir orgullosa de ti misma y de ellos.

    ¡Un beso!
    Patri,

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